el libro de las ABuelas

 

Descubre todo lo que la Herbolaria Tradicional puede hacer por ti.

 

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LIBERTAD DE ELEGIR NATURAL

 

 

Ya va siendo hora de que las personas podamos tener al alcance productos que nos digan claramente lo que contienen y que seamos libres de elegir los que se adoptamos en nuestras vidas, sin ingredientes químicos, sintetizados o derivados de combustibles fósiles.

Nuestros productos no son medicamentos ni pretenden serlo. Son remedios naturales caseros confiables y su uso es responsabilidad de las personas que los eligen utilizar.

VIAJA SIN PROBLEMAS

Contamos con presentación de viaje de 75 ml, que te permite tenerla contigo en todo momento, cumpliendo con las normas aeroportuarias para transportación de líquidos en equipaje de mano.

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laS FRIEGAS no SON medicamentoS

Nuestros productos no son medicamentos. Es responsabilidad de quien lo usa y lo recomienda.

No sustituyen un diagnóstico médico. Consulta con tu especialista.

 

Duda, cuestiónate, investiga y documéntate. No sólo creas en lo que se dice.

abuelita soy tu nieto

Sabemos lo que ofrecemos, seguro que tu abuela lo usaría.

Si llegaste hasta aquí eres dign@ niet@ de tu Abuela.

Esta es la cereza del pastel.

 

En Las Friegas® nos hemos dado a la tarea de investigar las relaciones entre las plantas y los beneficios que provocan en cada uno de los centros energéticos corporales. Nuestros productos herbolarios, además de ofrecer las propiedades de cada planta, pueden utilizarse como auxiliares para mantener limpios y equilibrados los chakras, vórtices o cuecueyos.

Identifica los símbolos en cada receta para reforzar, purificar y unificar tu energía.

 

la energía de las plantas

 

En el camino a iniciar nuestro proyecto herbolario, pensábamos cómo lograr que Las Friegas®, además de elaborar productos honestamente naturales, pudieran ayudar holísticamente en cuerpo, espíritu y alma. Nos encontramos muchas explicaciones e investigaciones, entre ellas, la de Livio Vinardi, profesor de la Universidad Estatal de San Francisco, quien descubrió que existe una idéntica coincidencia entre los centros energéticos corporales y los chakras, cuya existencia comprobó científicamente con la medición objetiva del campo energético humano o “aura” y la interrelación del ser humano con la naturaleza y el cosmos, a través del común denominador: la energía.

Encontró que los plexos o vórtices tienen una forma circular, lo que refuerza su existencia, ya que coincidentemente “chakra” o “cuecueyo” significa “rueda”.  El estudio acerca de cómo funciona nuestro organismo a partir de la energía, es un concepto que podrá parecer algo “mágico” o “místico”, sin embargo, ha sido ampliamente estudiado por infinidad de culturas desde la antigüedad. Ahora la ciencia se suma comprobando un conocimiento que se tenía hace milenios en mesoamérica o en el oriente, quienes consideran la conexión energética y espiritual con nuestro ser físico.

Los chakras son como filtros, un puente entre nuestro cuerpo físico y el mundo que nos rodea. Nos permiten la interacción entre la energía del universo y la propia, a través de su campo de energía sutil. En ellos recogemos las creencias de nuestra familia y de nuestro entono que puedan haber quedado almacenadas, ya sea por los pensamientos y sentimientos de otras personas o por las proyecciones que brillan a través de nuestra propia verdad. La información contenida en los chakras nos ayuda a aprender y crecer.


Otra aportación científica del estudio, fue la conclusión de que que los chakras tienden a purificarse al entrar en contacto con la naturaleza, coincidiendo con las sabidurías hinduista y tolteca, por ello no es extraño que así como existe el conocimiento ancestral sobre los beneficios y propiedades terapéuticas que nos ofrecen las plantas, exista también el conocimiento sobre cómo pueden favorecer nuestro bienestar energético al consumirlas. Sus cualidades de vibración nos pueden ayudar a lograr el equilibrio, relajación y dinamización del aura y los chakras.

Cada integrante del reino vegetal tiene un don único para ayudarnos a manifestar nuestro más alto camino en la tierra. Permitir que su energía fluya tanto en nuestro cuerpo físico como en nuestro crecimiento personal, favorecerá la reconexión energética con la belleza de la naturaleza dentro y alrededor de nuestro ser.

Hay muchas formas caseras de aprovechar las plantas para el beneficio de los chakras. Se pueden beber infusiones, utilizar emplastos, compresas, ungüentos, tónicos, etc., y con esto integrar sus dones para una vida plena. Permitirnos explorar una conexión personal con la naturaleza, puede ayudarnos a mejorar la capacidad de vivir con el mayor bienestar en nuestro paso por la tierra.

Trabajar con los chakras o cuecueyos a través de la herbolaria tradicional mexicana, es también una forma de medicina preventiva. Una conexión consciente con nuestro campo de energía, permite amplificar nuestras afirmaciones de vida, pensamientos y sentimientos, así como limpiar lo negativo que puede afectar nuestra la salud.

Cada chakra nos ofrece diferentes experiencias y aprendizajes. Si logramos equilibrarlos, podemos recuperar la armonía en nuestras vidas.



CUECUEYOS O CENTROS ENERGÉTICOS PREHISPÁNICOS


El conocimiento de los centros energéticos del cuerpo humano, no es exclusivo de las culturas orientales o de la ciencia, los conocidos como chakras, fueron representados como “órganos de luz” en el arte mesoamericano, con la apariencia de soles que descienden. Gracias a los códices Borgia, Laúd y Fejervary, en la actualidad podemos conocer los nombres que los antiguos pobladores del continente les daban y un poco más de su sabiduría ancestral.

Las creencias del México antiguo, sostenían que nuestra estructura básica no es solo de naturaleza física, sino energética. Somos campos magnéticos por donde se mueven las corrientes de “tleyotl” o “energía vital”, que son responsables de mantener con vida a nuestros órganos. Cada una de esas corrientes tiene un centro motor al que los nahuas llamaban “kuekueyotl” o “espiral luminosa”, de la raíz “kue” que significa “curva, vórtice, movimiento, brillo”. Otro nombre que le daban era “tzitzimitl” o “flechas esplendentes”.

Los centros energéticos fueron descritos por los antiguos mexicas: “Con nuestros cuecueyos iluminamos al mundo. En el sitio donde están nuestras luminarias, allí tenemos luz”.  (Códice Matritense).

El término “luz”, en este caso, significa “sentido”, ya que la función de estos centros consiste en “filtrar” las impresiones que recibimos del exterior, a fin de producir panoramas perceptuales completos de índole físico, emocional, mental, etc.

La intención también cuenta.

 
 

 

 

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